Canadá no es Estados Unidos

No. No lo es. Cuando te bajas del avión, sobre todo si lo haces en el aeropuerto Pearson que sirve a Toronto, te parecerá que es lo mismo. Que los edificios, las autopistas y la sensación de orden son iguales. Pero a medida que pasas más tiempo aquí, ves que las diferencias son considerables.

Esto es, en un resumen muy apretado, los contrastes entre Canadá y EEUU que he podido determinar al cabo de más de dos años viviendo en Montreal (que es un mundo en sí mismo, tema de otros posts). No he vivido nunca en EEUU pero estoy familiarizado con su realidad, como tantos de nosotros que tenemos vínculos personales o culturales o económicos con el país que ayer eligió como presidente a un especulador inmobiliario y villano de reality shows que se jacta de su desprecio al conocimiento, los derechos de los demás y las mínimas referencias éticas de una democracia moderna.

  • El contraste geográfico y demográfico. Canadá, que es como diez veces más grande que Venezuela, es también más extenso que EEUU; solo Rusia tiene más superficie que Canadá. Pero este país tiene poco más de 35 millones de personas, que en un 80% viven a menos de 200 kilómetros de la frontera con EEUU. No porque quieran estar cerca de los gringos, sino porque más al norte la vida es realmente muy difícil. Canadá, con casi diez millones de kilómetros cuadrados, ha sido y es todavía un país difícil de poblar por la intensidad y duración de sus inviernos. Una enorme porción de su espacio soberano está despoblado o protegido (como el hermoso parque de La Gatineau, en la frontera de Quebec con Ontario, uno de cuyos lagos se ve en la foto). Cuando he tenido que aterrizar en un aeropuerto estadounidense en un vuelo desde Montreal, he sentido de inmediato el golpe de la multitud apenas salgo del avión.
  • El contraste económico. Y de igual modo, al bajarme del avión he sentido también el impacto de la abigarrada oferta comercial de ese santuario del consumismo que es EEUU. Canadá es un país rico por sus recursos naturales y en segundo lugar su agricultura, su manufactura y sus servicios, pero esa riqueza, distribuida entre la población gracias a su Estado de Bienestar, viene de unas pocas fuentes; la red comercial canadiense, determinada por la anchura de la geografía y los límites de su mercado interno, es exigua comparada con la estadounidense. No es que haya escasez, pero es muy obvio que aquí no existe esa súper abundancia de cosas necesarias e innecesarias que es apabullante en el país del sur, y mucho menos esa presión por el consumo y el endeudamiento, al menos no en el grado en el que la hay en EEUU
  • El contraste histórico. Los orígenes de ambos países son radicalmente distintos. Estados Unidos fue fundado por fanáticos religiosos y empresarios autosuficientes que en un siglo hallaron el modo de separarse del Imperio Británico porque no les dejaba enriquecerse; el espíritu del hombre de frontera, de la innovación empresarial y de la desconfianza hacia el gobierno de las Trece Colonias que los animaba sigue vivo hoy. Canadá, en cambio, fue la empresa colonial de dos potencias, Francia e Inglaterra, que compitieron por este territorio gigantesco, entonces todavía por explorar y poblar; Londres ganó esa justa y se quedó con Canadá, que pasó dos años separándose del Reino Unido sin una guerra de independencia, sino un conjunto de negociaciones y medidas prácticas de lado y lado. La duración de esa relación con el antiguo amo, así como el vínculo histórico con Francia, hacen de Canadá un país mucho más reciente como Estado independiente que EEUU  (y que Venezuela).
  • El contraste político. Su historia institucional y económica, y su realidad demográfica y geográfica, contribuyen a que Canadá tenga, muy al contrario de EEUU, una presencia muy fuerte de lo estatal (a nivel federal, provincial y municipal) y un Estado de Bienestar que la asemeja a los Estados socialdemócratas del norte de Europa, Australia y Nueva Zelanda. Su rasgo más distintivo es el famoso sistema de salud público gratuito (otro tema aparte), que tanto llama la atención de los estadounidenses. Pero mientras EEUU es (esperemos que siga siéndolo bajo Trump) una república presidencialista, Canadá es una monarquía parlamentaria en la que el centro del poder político es el parlamento; aunque la reina Elizabeth II es nominalmente la jefa del Estado, el poder federal viene del partido que domine el congreso, como en España o Italia. En este momento, el primer ministro, Justin Trudeau, es el congresista que ejerce la jefatura del partido federal mayoritario, el Liberal. Lo mismo pasa a escala provincial.
  • El contraste cultural. Todos estos factores hacen que Canadá, frente a Estados Unidos, luzca como un país muy poco poblado, muy frío, con dificultades para generar prosperidad, muy estatista, con un centro político orientado hacia la izquierda moderada, con una identidad nacional muy débil, sin ambiciones imperialistas ni complejos de superioridad fuera del hockey, y en particular muy pacífico, con baja conflictividad política y social pese a la fortaleza de sus sindicatos y gremios y a la persistencia de conflictos históricos como las relaciones de los indígenas y de la Quebec francófona con el resto de la sociedad angloparlante. Canadá no es un país socialista, como muchos estadounidenses (y muchos venezolanos) creen, porque el sector privado goza de mucha protección jurídica y la libertad económica es considerable. No es un país conservador, aunque tiene sus sectores conservadores (entre canadienses y entre inmigrantes de valores conservadores) ni un país xenófobo, aunque tiene sus grupúsculos de ultra derecha, hoy caracterizados por la fobia al Islam. Y sobre todo no es un país violento: aunque hay cierta libertad para portar armas no está obsesionado con ellas, y en general el nivel de violencia es bajísimo: en 2015 hubo 604 homicidios en todo el país.

Así que este país, hoy con un gobierno liberal muy progresista luego de varios años de gobierno conservador, este país donde son legales en todo el territorio la unión civil entre dos personas del mismo sexo y la asistencia médica para los pacientes de enfermedades terminales que expresan el deseo de morir; este país donde cientos de personas se ofrecieron para apadrinar, con su bolsillo, a familias enteras de refugiados sirios con las que no tenían vínculo alguno; este país donde los inmigrantes son casi la mitad de la población de sus tres ciudades principales; este país donde no se grita y donde el voluntariado es vital para tu currículum, no elegiría a un líder como Donald Trump. No la Canadá que yo conozco. No la que ha sido hasta ahora. Tampoco elegiría a un Hugo Chávez, aunque mucha de su gente haya podido verlo, desde lejos, con simpatía. Aquí las normas y la convivencia siguen siendo importantes. Pero sobre todo, el sentido común.

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2 comentarios en “Canadá no es Estados Unidos”

  1. Rafael, me encantaban tus crónicas de los días domingos que tengo recortadas y guardadas. Me encanta este escrito y me provoca irme a Canadá. …
    Cómo has hecho con el frío?
    Un abrazo,
    Elisabeth

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