Léxico básico de la inmigración, 1

La emigración venezolana es una experiencia relativamente nueva, al menos para la mayor parte de los involucrados; como se ha dicho y habrá que seguir diciendo, siempre ha habido venezolanos que emigran, solo no había ocurrido a esta escala.

Y esa escala ha dado rango colectivo al fenómeno migratorio venezolano, aunque dentro de una gran incertidumbre, por falta de códigos compartidos, de una tradición. Una incertidumbre que comienza por las palabras que estamos usando para hablar de esto.

¿Qué es el exilio?

El DRAE es generoso sobre este término tan cargado; la primera acepción es muy amplia: “separación de una persona de la tierra en que vive”. “Vive”, en presente. Un exiliado es alguien que no está en el sitio donde se supone que debe estar. La segunda acepción en la entrada remite a lo que exilio significa históricamente en el idioma: vida forzada en el exterior, por razones políticas.

Es algo que atraviesa la historia de la política y de la cultura en Venezuela: han estado exiliados muchos de sus líderes y de sus artistas, y muchos han muerto en el exterior, donde para el momento de su fallecimiento estaban voluntaria o involuntariamente: entre muchos otros, Miranda, Sucre, Bolívar, Páez, Ramos Sucre, Pocaterra, Gallegos, Betancourt, Pérez Jiménez. Ahora mismo hay exiliados: políticos de oposición que saben que si pisan Venezuela van presos. Y presos políticos que han obtenido su libertad a cambio de que partan al exilio.  

El exiliado es lo que era un desterrado: la víctima del castigo medieval que consistía en expulsar a alguien de su tierra, so pena de muerte; si el Cid volvía, lo mataban. Es alguien que huye de su país para salvar su libertad o su vida, pero que quiere volver una vez desaparezca esta amenaza. La figura internacional del asilo se creó para personas en esta situación. Por tanto, el que vivamos fuera no nos convierte, automáticamente, en exiliados.

Hace años escuché del escritor Israel Centeno -quien hoy también vive afuera- que un emigrante que llamara su condición exilio estaba adjudicándose un registro heroico que no le correspondía, y estuve de acuerdo. Dijo además que él vivía entonces encerrado en una burbuja personal con la que esperaba protegerse del país que lo rodeaba: un insilio.

¿Qué es una diáspora?

Esta es una palabra aún más pesada: para el DRAE es, ante todo, la dispersión (lo que significa en el griego original) del pueblo judío; por extensión, de grupos “que abandonan su lugar de origen”. Es una de esas palabras con demasiada historia, que han tenido tiempo para cambiar de carga, o para incorporar nuevas; diáspora define a un grupo humano que se quedó sin patria y fue condenado, mediante un exilio masivo, a dispersarse por el mundo hasta que nació el Estado de Israel. Fuera del ámbito judío, hoy se usa para definir conjuntos de comunidades emigrantes provenientes de un origen étnico o nacional común.

Diáspora es una palabra que ha sido institucionalizada por tradiciones históricas y políticas: oímos de la “diáspora judía” como del “exilio cubano”, y mucho menos de la “emigración judía” o la “emigración cubana”, porque en ambos casos se creó una narrativa de país perdido que se espera reconstruir (en el caso hebreo) o al que se espera regresar (en el caso cubano).

Habrá que ver si el uso del término diáspora para hablar de la emigración venezolana, como en el libro de Tomás Páez, prospera; creo que eso dependerá de la duración del flujo de salida, de su extensión geográfica, y de la dificultad para volver al país. O si lo hace el todavía más épico de éxodo, también heredado del Antiguo Testamento, y que más bien alude a un pueblo entero en movimiento, cosa que no pasa ni pasará en el caso venezolano.

¿Qué es una migración? Para el DRAE es, primero, un término biológico, y segundo, uno muy básico para hablar de movimientos humanos “generalmente por causas económicas o sociales”.

La emigración, en cambio, sí es un asunto completamente humano para la Real Academia, aunque admite el término compuesto de emigración golondrina para quien vive temporalmente en otro país. A diferencia de con el exilio, emigrar implica para el DRAE una mudanza de la que no se planea volver.

El emigrante pretende establecerse y no fue obligado a irse en los términos perentorios en que lo hace un exiliado. Aunque claro que entre nosotros abundan las historias de quienes emigran a partir de un evento que puso sus vidas en riesgo.

En todo caso, hay una etimología, una historia lexical y hasta unos parámetros en términos de derechos humanos o jurisprudencia que establecen diferencias claras entre los términos diáspora, exilio, migración y emigración. Una cosa es un migrante, otra un refugiado, y otra más es un apátrida (que obviamente no es lo que el chavismo cree que es; la neolengua dictatorial es deliberadamente imprecisa, hasta en sus insultos).  

Así que un emigrante es quien vive en un país distinto al país donde nació, en general por motivos económicos y voluntariamente. Su viaje tiene dos puntas y por tanto dos prefijos; si se mira desde Venezuela, el venezolano que se fue es un emigrante, un migrante que sale; si se mira desde el país de acogida, ese venezolano es un inmigrante, un migrante que entra. Esto parece obvio pero en la práctica ambos conceptos se manejan como si fuera intercambiables, o sinónimos, que no lo son.

Otra cosa es un expatriado: alguien que, según el uso más común, vive en otro sitio sin pretender quedarse ahí, y a veces sin ni siquiera querer conectarse o adaptarse, porque su permanencia en ese destino está ligada a un trabajo temporal, de ese expatriado o de su cónyuge. Aunque es una concepción inexacta, es frecuente que se hable del expatriado como un inmigrante VIP, alguien que tiene buen trabajo, vive en un oasis de prosperidad, y no desarrolla vínculos fijos porque luego seguirá camino, hacia su lugar de origen o hacia otra expatriación.

Cada historia es diferente, pero puede entrar en una de esas categorías: exilio, expatriación, emigración. Entre los que vivimos fuera, hay exiliados, pero sobre todo inmigrantes. El cómo nos llamamos a nosotros mismos, por tanto, revela una lectura de nuestra propia experiencia. El cómo nos contamos a partir de esas categorías también determina la magnitud de la emigración venezolana, su naturaleza, su evolución.

Lo importante, me parece, es tener claras las preguntas que están detrás de este léxico elemental.

¿Eres un exiliado o un inmigrante?

¿Esperas volver, o no?

¿Te fuiste por decisión propia, o te forzaron a hacerlo?

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Un comentario en “Léxico básico de la inmigración, 1”

  1. Cuanta alegria senti al encontrarme este texto de mi tan admirado.Rafael Osio C…excelente escritura…profundidad de analisis …soy inmigrante venezolana…vivo en Buenos Aires Argentina…

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