Un pan de jamón que es mucho más que un pan de jamón

El delicioso pan de jamón de Cyn

Para quienes estamos afuera, la navidad es un laboratorio emocional, en modos distintos a como lo es para casi todo el mundo que la tiene entre sus tradiciones.

Aquí nos emocionamos o nos deprimimos en estas fechas por un conjunto específico de razones.

Pienso en quienes este año están pasando su primer diciembre fuera y me pregunto cómo lidiarán con la experiencia de reencontrarse con la abundancia, saliendo de la escasez venezolana, pero con la angustia económica que suele predominar durante los primeros tiempos de la mayoría de las experiencias migratorias, y me pregunto también cómo vivirán esos primeros 24 y 31 sin su gente cerca, aunque en familias como la mía esa separación ya se está viviendo desde hace mucho tiempo, por los que se fueron primero.

Son días en los que, si el resentimiento por el país no está entorpeciendo el corazón, uno puede encontrarse viviendo eso que se ha dicho antes: que la mejor manera de relacionarse con Venezuela es en la distancia.

Porque eso es todo un tema, para ser desarrollado. Depende mucho de lo que el país te hizo, de cómo te separaste de él, pero para algunos la nostalgia sí existe y adquiere muchas formas, se metaboliza por distintas vías. Unos cocinan, otros componen música, a otros nos da por escribir o por inventar banderas.

El ciclo de Navidad y fin de año es también uno de esos momentos en los que se hace más visible o más bien se intensifica la pregunta identitaria, así como las respuestas a esa pregunta aunque ésta permanezca sin formularse.

Pienso en que escuchamos en streaming, por Spotify, la que aparte de las gaitas zulianas es la música oficial de la navidad venezolana: la de una orquesta fundada por un dominicano, que nos dejó -desde que adquirió su rango de clásico popular como el soundtrack de la élite perezjimenista- un repertorio predominantemente colombiano y cubano.

Pero sobre todo pienso en cómo definimos esa identidad mediante la comida. En cómo nos fajamos, con una vehemencia solo comparable a la que manifestamos con el tema de los tequeños, a explicar que una hallaca no es lo mismo que un tamal, aunque sea obviamente parte de esa familia que se extiende por toda América Latina.

Y en cómo nos preocupamos por reproducir la cena navideña, que de paso contiene muchos de los mejores platos de la gastronomía venezolana. En cuáles variaciones producirá la emigración en la gastronomía venezolana, ya sea para adaptarse dentro de las cocinas domésticas a los ingredientes locales, o en las negociaciones con el paladar de los clientes en cada nuevo emprendimiento; así como los inmigrantes italianos crearon en EEUU la pizza de Chicago o los spaguetti con albóndigas, y los chinos el chow suey y el pollo General Tao. 

Pienso en cómo buscamos hojas de plátano que vienen de Filipinas y panela colombiana y Harina P.A.N. hecha en EEUU y ajiote mexicano para hacer las hallacas. O como nosotros en Canadá, harina y jamón de aquí, más aceitunas y alcaparras y pasas del Mediterráneo, para el pan de jamón. 

Y preparar un pan de jamón en la emigración significa muchas cosas. Es reconstruir una pieza del mundo perdido. Es un recuerdo tangible, consumible, delicioso de las navidades felices. Es un homenaje al pariente que transmitió la receta.

Ahora uno puede entender mucho más el apego de aquellos inmigrantes en Venezuela, italianos, portugueses, colombianos, peruanos, por preservar en estas fechas el menú de sus orígenes. Poder comer en estas fechas lo que comías con tu gente de niño te recuerda quién eres, te da sentido, solidez, entidad en esa nebulosa de interrogantes, confusión y desafíos que es la emigración.

Solo que en nuestro caso -como también lo habrán vivido muchos inmigrantes en Venezuela, en décadas anteriores- difícilmente puede hacerse esta comida sin pensar en toda la gente que dejamos atrás y que este año no podrá comer nada de eso, porque no puede pagarlo, o porque ya no está, al término de este año cruel.

Este pan de jamón nos habla de lo que podemos tener y de lo que hemos perdido como muy pocas cosas en la emigración, en la vida. Dulce y salado. Negociación entre el pasado y el futuro. Gesto de autoafirmación ante los escenarios del año que se acerca. Tributo a la vida que teníamos; apuesta por la vida que tratamos de tener.   

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2 comentarios en “Un pan de jamón que es mucho más que un pan de jamón”

  1. Justo me acabo de comer un pedacito del mío que lo prepara una señorta andina, que está haciendo hallacas y pan de jamón para sobarse el corazón por la pérdida de un hijo. Dulce y salado… así como lo describes tú. Feliz Navidad con hiareath, o saudade. Beso jjjj

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  2. Rafael Osio Cabrices, navegando por Internet llegué a tu blog, mucho tiempo sin leer tus magnificos articulos con los cuales siempre me he sentido identificada.
    También vivo en Canadá, sufro de la mísma nostalgia y ♡ de titanio para soportar el caos que se vive en nuestro país. Todo lo mejor en este 2017 🙂

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